Progreso, no perfección

Anónimo (Grupo Madrid) - 21 JUNIO, 2023

En mi familia nunca se habló de sexo. Bueno, ni de sexo ni de nada que tuviera que ver con las relaciones afectivas. Todo lo fui aprendiendo en la calle, tarde y mal. No me masturbé por primera vez hasta los 14 años, cuando ya todos mis amigos lo habían hecho. Y a mí al principio me costaba llegar al orgasmo, por lo que tuve que aguantar algunas bromas de mis amigos, que me decían que "era impotente para hacerme una paja". Pero lo cierto es que acabé cogiendo la costumbre de masturbarme varias veces al día, y ya en aquella época empecé a ser consciente de que lo mío no era normal. Más adelante, cuando empecé a manejar mi propio dinero, y sin dejar en ningún momento el hábito de masturbarme,

“comencé a recurrir a los servicios de prostitutas”.

Primero, callejeras; luego, según iba aumentando mi poder adquisitivo, en pisos y clubs de alterne. Los clubs acabaron siendo mi opción preferida, porque te ofrecen esa falsa sensación de que estás en la barra de una discoteca "normal" ligando con una chica "normal", cuando evidentemente lo que allí sucede es algo muy distinto. Y en esos locales encontré mi ruina, no sólo emocional y espiritual sino también económica, que unido a mi adicción a los juegos de azar acabó metiéndome en una espiral de deudas, créditos, etc. de la que me resultó muy difícil salir. Pero no sólo puse en peligro mi economía, también puse en peligro mi salud (y la de otras personas),

“ya que llegué a tener relaciones sexuales sin protección con varias prostitutas”.

“Afortunadamente todas las analíticas que me hice dieron negativo”.

Y a todo esto, aún no he mencionado la pornografía. La verdad es que las revistas y películas pornográficas nunca habían llamado mi atención, más allá de la simple curiosidad; pero todo cambió desde que se popularizaron los smartphones. Ahí ya tenía toda la pornografía gratuita del mundo en el bolsillo y a un sólo click. Y empezó a ser cada vez más habitual que me masturbase viendo porno. Ya no me bastaba con la imaginación, las fantasías, los recuerdos; necesitaba ver videos, y cada vez más específicos, porque al monstruo de la adicción había que darle de comer cada vez más.

Yo estaba desesperado, sabía que todo aquello no era normal y que necesitaba un cambio en mi vida. Había probado el Programa de Doce Pasos con mi adicción a los juegos de azar y me estaba funcionando (¡había dejado de jugar!), y me dije:

“¿por qué no probar el mismo programa para mi adicción al sexo?”

Busqué información en internet y así fue como llegué a ASA, y puedo decir que en todo este tiempo mi vida ha dado un giro radical. No ha sido un camino de rosas, pues he tenido recaídas; cada vez menos, eso sí. Mi crecimiento espiritual y como persona ha sido tremendo. Además, ahora tengo una economía saneada e incluso ahorro a buen ritmo.

“Me recupero "sólo por hoy", viviendo en el presente.

Y ahora trato de pasar el mensaje al igual que otros hicieron conmigo”.