
Esto es lo que funciona
Anónimo - 15 AGOSTO, 2020
La mejor forma de describir mi adicción sexual activa es que era como agua que fluye por una colina. Mis conductas siempre parecían tomar el camino de la menor resistencia.
“Hubo momentos en que mi forma principal de actuar era con prostitutas de la calle. En otras ocasiones hubo librerías para adultos y líneas telefónicas de fiesta para adultos. Exhibiciones indecorosas, clubes de swingers, anuncios personales y el Internet eran todos parte del alcance de mi adicción sexual adictiva”.
Generalmente era una combinación de estas conductas. Si andaba corto de dinero llegaba en mi automóvil y me exhibía ante las prostitutas o ante una pobre mujer en el automóvil enseguida del mío. Si tenía restricciones de tiempo hacía un viaje rápido a la librería para adultos. Si tenía el día libre podía actuar tres o cuatro veces. Actuaba la mayoría de las veces, si tenía la oportunidad. Hasta ahora no se por qué nunca me arrestaron.
Mis conductas del círculo interior son cualquier acto sexual fuera de mi matrimonio, exhibiciones indecorosas, voyeurismo, relaciones sexuales por teléfono y el sexo cibernético. El primer punto en la lista incluye muchas conductas.
Existen algunas acciones que yo identifico como conductas del círculo medio, tales como coquetear y pasear con toda intención por negocios de explotación sexual y áreas donde se congregan las prostitutas. Estas conductas del círculo medio tienden a darme una euforia a pequeña escala sin el peligro y la descarga de adrenalina de la actuación.
Cuando participo en dichas conductas lo comparto con mi patrocinador o lo menciono en una junta.
“El noventa por ciento del tiempo en que participo en conductas del círculo medio es porque estoy enojado sobre algo, lastimaron mi ego o me tengo lástima a mi mismo”.
Al trabajar en esto con mi patrocinador o algún otro miembro del programa llego al fondo de lo que en realidad me está molestando y deja el camino libre a una vida sana. Estos límites, mis círculos interior y medio, tratan con mis conductas y no mis pensamientos. Si yo colocara mis pensamientos dentro de los límites me estaría augurando un fracaso.
“Con el paso de los años mi adicción sexual se agravó porque requería de conductas más escandalosas y de mayor riesgo para darme la euforia que yo buscaba”.
Para cuando alcancé la sobriedad en ASA a la edad de treinta y cuatro años ya había tenido relaciones sexuales con más personas de las que podía contar, había actuado con cientos de prostitutas, había perdido oportunidades de carrera y había gastado más de cincuenta mil dólares debido a mi adicción sexual. Además de esto, dejé una estela de muchas mujeres lastimadas, tiempo lejos de mis hijos y de mi matrimonio y había perdido productividad en el trabajo.
Yo llevaba quince años de sobriedad del alcohol cuando me uní a Adictos Sexuales Anónimos. Participaba activamente en una confraternidad de doce pasos, había llevado a cabo los pasos muchas veces, hacía trabajo de servicio, asistía con regularidad a las juntas y tenía un patrocinador y patrocinaba gente. Pero mi doble vida de la adicción sexual me estaba acabando lentamente.
“La última ocasión en que actué fue hace dos años y medio”.
Le dije a mi esposa que iba a una ferretería. Me fui a un “spa/salón de masaje” y caí en la actuación. En el camino a casa tomé la decisión de unirme a un programa de doce pasos para la adicción sexual. Busqué en el Internet y ASA fue el primero en aparecer. Tres días después asistí a mi primera junta. Para el final de la junta sabía que me encontraba en el lugar indicado. No era lo que compartían las personas, sino la forma en qué lo hacían. Yo sabía que estaba con personas que tenían la seria intención de mejorarse.
La vergüenza y la culpa no tuvieron nada que ver con mi decisión de recuperarme de mi adicción sexual. No estaba pensando en las personas a las que yo había lastimado, ni siquiera de cómo me lastimaba a mi mismo. Tomé la decisión para recuperarme porque me sentía como un ratón en un laberinto, enfrascado en un círculo vicioso.
“Tuve que admitir al fin que era adicto a prácticas sexuales peligrosas y compulsivas”.
Desde que me uní a ASA, no he practicado mis conductas del círculo medio. La recuperación en ASA ha sido sencilla, pero también es lo más difícil que he tenido que hacer. Estoy en contacto con mi patrocinador cuando menos dos veces por semana. También asisto a la misma junta de ASA cada semana, llueva, truene o relampaguee. Me mantengo activo en el inter-grupo local y he sido patrocinador de muchos hombres. He llevado a cabo tres Primer Pasos formales; el último me llevó dos juntas de noventa minutos cada una en terminar. Mi programa no es perfecto de ninguna manera, pero lentamente avanzo para mejorar y me he mantenido dentro de mis límites, aunque en ocasiones dejo que mis pies toquen el borde.
“Así como mi adicción activa era progresiva, también mi recuperación activa es progresiva. Soy un mejor esposo, padre, empleado, amigo y ciudadano de la comunidad. Me cuido bien física, mental y espiritualmente”.
Aunque no soy miembro de ninguna organización religiosa estoy en un camino espiritual en donde tengo un contacto consciente de Dios. Como miembro de ASA, soy igual a todos los demás miembros, sin importar la educación, estatus social y duración de la abstinencia. La persona que acaba de entrar por la puerta es tan miembro como el hombre o mujer que llevan más de una década de sobriedad sexual.
“Si usted es nuevo en esta confraternidad, espero que usted siga adelante con el programa. Encontrará que una vida sin la actuación es sin lugar a dudas una mejor vida. Si yo puedo hacer esto, usted también puede”.
Asista a las juntas, aun después de que “se mejore.” Confíe en Dios, deseche lo que no le sirva y ayude a los demás. Eso es lo que me ha funcionado a mí. En mi punto de vista, ASA se trata de conocer unas herramientas metafísicas simples, conectarse a un Poder Superior de forma diaria y vivir una vida libre de la adicción. Estas son cosas que no podemos aprender al leer libros. La mejor forma de recuperarnos es haciéndolo.